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Descubriendo el Arte de la Cata de Vinos: Una Inmersión para Principiantes

VVisitar Bodegas 30 de octubre de 2023
Descubriendo el Arte de la Cata de Vinos: Una Inmersión para Principiantes

Catar no es un ritual reservado a expertos: es aprender a mirar, oler y saborear con un poco de atención. Con cuatro nociones y algo de práctica, cualquiera empieza a sacarle partido a una copa.

La vista: lo primero que cuenta

Antes de beber, mira. Inclina ligeramente la copa sobre un fondo claro y fíjate en el color y su intensidad. Un tinto joven suele mostrar tonos violáceos; con los años vira hacia el rubí y el teja. En los blancos, del pálido con reflejos verdosos al dorado. No hace falta acertar la añada al primer vistazo: basta con acostumbrar el ojo a leer esas pistas.

El olfato: donde está casi todo

Buena parte de lo que llamamos sabor es en realidad aroma. Huele la copa quieta y luego agítala con suavidad para que el vino se airee y libere sus matices. Intenta poner nombre a lo que percibes sin agobiarte:

  • Frutas: fruta roja o negra en tintos, cítricos y fruta blanca en blancos.
  • Notas de crianza: vainilla, tostado o especias cuando ha pasado por barrica.
  • Recuerdos del terreno: monte bajo, hierba, notas minerales.

Al principio identificarás dos o tres aromas. Es suficiente. La nariz se educa con repetición.

La boca: confirmar lo que intuyes

Da un sorbo pequeño y deja que el vino recorra toda la boca. Fíjate en la acidez (esa frescura que hace la boca agua), en los taninos de los tintos (esa sensación algo áspera y secante) y en el cuerpo, es decir, si el vino resulta ligero o denso. Al final, mide el postgusto: cuánto tiempo permanece el sabor. Los vinos con más recorrido suelen dejar un final largo.

Consejos para empezar en casa

No necesitas material sofisticado. Una copa de cristal fino y transparente, la temperatura adecuada (los tintos algo más frescos de lo que solemos servirlos, los blancos bien fríos pero no helados) y ganas de comparar. Prueba dos vinos distintos a la vez: las diferencias se aprenden mejor por contraste que en solitario.

Del salón a la bodega

La cata gana muchísimo cuando la haces en el origen, con el viñedo a la vista y quien elabora el vino explicándote sus decisiones. Es el mejor curso acelerado que existe. Si quieres pasar de la teoría a la copa en su sitio, echa un vistazo a todas las bodegas que abren sus puertas y organiza una visita con cata.

Catar bien no es paladar de nacimiento, es hábito. Cuantas más copas pruebes con atención, antes empezarás a reconocer estilos, variedades y denominaciones. Y ese día, el vino deja de ser una etiqueta para convertirse en un lenguaje que entiendes.

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