En nuestra singularidad está la diferencia. Una tradición, una manera única de hacer las cosas que se remonta más allá de un siglo en el tiempo. Una forma de vida, un apego a la tierra, un amor a la vid, un estado de ánimo que se palpa en cada uno de nuestros vinos. Somos distintos y en esa diferencia se esconden decenas de años de historia. Un ADN especial, una genética única en la Ribera del Duero. Hay que echar la vista atrás, unos 80 años, cuando el abuelo recogió la genética de un viñedo centenario para injertarla, adaptarla y volverla a reproducir. Todo ello en un lugar privilegiado, Fue
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